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domingo, 25 de noviembre de 2007

Romance del enamorado y la muerte

ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE

Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía,
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas, ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día!
—Un día no puede ser, una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestía;
ya se va para la calle, en donde su amor vivía.

—¡Ábreme la puerta, blanca, ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando, junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe; la muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.

Versión cantada de Amancio Prada en Antología Multimedia
Comentario de texto en Liceo Digital

Romance de la gentil dama y el rústico pastor

1ª VERSIÓN

Estáse la gentil dama
paseando en su vergel;
los pies tenía descalzos,
que era maravilla ver;
hablárame desde lexos,
no le quise responder.
Respondíle con gran saña:
- Qué mandáys, gentil mujer?
Con una voz amorosa
comenzó de responder:
- Ven acá, el pastorcico,
si quieres tomar placer;
siesta es de medio día,
y ya es hora de comer;
si querrás tomar posada
todo es a tu placer.
- No era tiempo, señora,
que me haya de detener,
que tengo mujer e hijos,
y casa de mantener,
y mi ganado en la sierra
que se me iba a perder,
y aquellos que lo guardan
no tenían qué comer.
- Vete con Dios, pastorcillo,
no te sabes entender;
hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadita en la cintura,
blanca so como el papel;
la color tengo mezclada;
como rosa en el rosel;
las teticas agudicas,
que el brial quieras hender;
el cuello tengo de garza
los ojos de un esparver;
pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver.
- Ni aunque más tengáis,
señora, no me puedo detener.

Versión de España. Documentada en 1600 en un pliego suelto del siglo XVI. Aquí comiençan tres romances glosados y este primero dize. Estasse la gentil dama etc. (Romance de una gentil dama, y un rústico pastor) [Dicc. 687/690] y Cancionero de obras de burlas provocantes a risa, ed. de Londres, 1841, en-8o. pag. 239. Reeditada en Wolf 1856b, Primavera y Flor de Romances, nº 145, vol. II, pp. 64-65.

2ª versión

Joaquín Sabina puso música a otra versión de este mismo tema.

Romance de una gentil dama y un rústico pastor

Pastor que estás en el campo de amores tan descuidado
escucha a una gentil dama que por ti se ha desvelado.
"Conmigo no habéis hablado," respondió el villano vil,
"tengo el ganado en la sierra, con mi ganadico me quiero ir."
Pastor que estás avezado a dormir en la retama
si te casaras conmigo tendrías gustosa cama.
"Vete a esotra puerta y llama," respondió el villano vil,
"tengo el ganado en el monte, con mi ganadico voy a dormir."
Deja la sierra y su nieve que tu frío me da pena,
ven, caliéntate a mi fuego, tendrás una noche buena.
"Mal se os guise la cena," respondió el villano vil,
"tengo el ganado en la sierra, y a mi ganadico me quiero ir."
Mi gandaico y el tuyo pastarán en prado llano,
juntos han de retozar largas siestas del verano.
"Mas que te muerda un alano," respondió el villano vil,
"bien se está el mío en la sierra y el tu ganadico en su buen redil."
Tres viñas de tierra buena te daría en casamiento,
una haca y un jumento, cabras cien y una colmena.
"Nunca llueve como truena," respondió el villano vil,
"tengo el ganado en la sierra y a mi ganadico me quiero ir.
Entenderme tú no quieres, no des prisa en ir al hato;
comerás, pues te convido, de mí misma te hago el plato.
"No quiero pagar el pato," respondió el villano vil,
"me basta comer mis vigas y a mi ganadico tengo de ir."
Más es que la de la nieve de mi cuerpo la blancura,
rostro de leche y coral delgadica en la cintura.
"Mucho bueno poco dura," respondio el villano vil,
"tengo el ganado en la sierra, con mi ganadico voy a dormir."
El cuello tengo de garza, los ojos de un esparver,
las teticas aguditas que el brial quieren romper.
"No me puedo detener por más que tengas ahí;
tengo el ganado en la sierra, y a mi ganadico me quiero ir."

Desecha de la dama
que dice con enojo:
¡Oh, mal haya el vil pastor!, que dama gentil le ame
y le requiebre de amores y él se vaya aunque le llame.
"El buey suelto bien se lame," respondió el villano al fin;
" y por más que me dijeres, con mi ganadico voy a dormir."


sábado, 24 de noviembre de 2007

Romance del Conde Niño cantado por Paco Ibáñez

Romance del Conde niño

Conde Niño, por amores
es niño y pasó a la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar;
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
si no es el Conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!,
y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la media noche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
a él como hijo de conde
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar;
della naciera una garza,
dél un fuerte gavilán
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan a la par.

Romance del conde Arnaldos


Escúchalo en el reproductor lateral.


Romance del conde Arnaldos


¡Quién hubiese tal ventura sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos la mañana de san Juan!
Con un falcón en la mano la caza iba cazar.
Vio venir una galera que a tierra quiere llegar:
las velas traía de seda, la ejercia de un cendal; 5
marinero que la manda, diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma, los vientos hace amainar,
los peces que andan n’el hondo arriba los hace andar,
las aves que andan volando n’el mastel las faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos, bien oiréis lo que dirá: 10
—Por Dios te ruego, marinero, dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero, tal respuesta le fue a dar:
—Yo no digo esta canción sino a quien comigo va.

Romance del prisionero cantado por Amancio Prada

(Escúchalo en el reproductor lateral)

ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

Puedes escuchar varias versiones cantadas en Antología multimedia